Y así empezó todo… Una bonita casualidad.
¿Creéis en el destino? ¿Y en el Karma? ¡Ya os digo que yo sí! Siempre he pensado que toda buena acción tiene luego su recompensa. He tenido que hacer muchas cosas buenas porque a mí me tenía guardado algo muy especial justo en el momento adecuado.
Por muchas vueltas que des en la vida, por muchos proyectos, ideas ya fijadas…siempre hay algo nuevo que se nos presenta en el camino y que no teníamos previsto. En nosotros estará saber valorarlo y no dejarlo escapar.
Mi empeño en querer ir a Amsterdam desde hace tiempo me hizo ponerme a organizar unos días por allí para nuestras vacaciones de 2018. Lo típico, buscas vuelos en una página, comparas alojamientos en otras… Y nada, todo carísimo en la fecha que lo queríamos, pero necesitaba salir de Madrid unos días.
Con la desilusión de quedarme sin ir a Amsterdam, bueno no se si sería desilusión por no ir o por quedarme sin hacer una visita a uno de sus coffee shop, apareció un anuncio en esa web: ¡Lanzarote! ¿Y si vamos a Lanzarote? Unos días en la playita a coger morenazo y desconectar. Con los preparativos, pasó por mi cabeza el recuerdo de una noticia que vi por la tele hace unos años. El Museo Atlántico, un museo bajo el agua, ¡tenemos que ir allí!
Me puse a buscar centros de buceo y leer un poco sobre lo que podíamos hacer. Pura Vida Diving Lanzarote, ese fue el centro que me llamó la atención. No se si es que me enganchó ese nombre o es que era lo que yo necesitaba de alguna manera, tener pura vida. Así que sin pensarlo les escribí y en nada ya teníamos la reserva para hacer un buceo triple el 12 de septiembre de 2018. Así salen los mejores planes, rápido y sin pensarlo mucho.
¡Que ilusión, voy a bucear! Un poco de nervios también, no os voy a mentir. Siempre me ha gustado mucho el mar, los peces, sobre todo los tiburones y bucear era algo que tenía muchas ganas de probar hacía mucho tiempo pero nunca me había atrevido a tomar la decisión.
Los meses previos no pude evitar demostrar mi emoción a todo el mundo: ¡me voy de vacaciones a Lanzarote en Septiembre! ¿Sabes que voy a bucear? ¿Has buceado alguna vez? Pues cuenta, cuenta… Y es que cuando algo me entusiasma no puedo evitar demostrarlo. Hasta que por fin llegaron las deseadas vacaciones. Creo que todos estaban deseando que me fuese a Lanzarote a ver si me callaba un poco ya jaja
Por fin llegamos, en ese momento ya sabía que había merecido la pena todos los nervios y los preparativos. ¡Que buena energía se respiraba por allí solo con poner un pie en esa isla! Al salir del aeropuerto, cogimos el coche que habíamos alquilado y nos fuimos directos a dejarlo todo en nuestra habitación para poder empezar a visitar la isla, ¡que ganas! Algún día si os apetece puedo escribir alguna guía de visita de Lanzarote. Os digo que es casi obligatorio visitar esta isla, ¡no os vais a arrepentir!
Nuestros dos primeros días fueron estupendos, cada lugar que conocíamos era mejor que el anterior pero lo que no sabía es que lo mejor estaba por llegar. El tercer día recuerdo que madrugué muchísimo, era el gran día, ¡hoy teníamos nuestro bautizo de buceo! Revisé una y otra vez que lo llevábamos todo. Llevamos chanclas, bañador y otro para cambiarnos, crema, toalla… ¿Y las ganas? ¡Ah, sí, sí! De eso teníamos de sobra. No podía reprimir las ganas de que llegase la hora. De camino, íbamos hablando de cómo imaginábamos ese momento y de mi preocupación por si iba a ser capaz de meterme el neopreno, eso también era importante jajaja.
Por fin llegamos, dejamos el coche aparcado por allí cerca y nos pusimos camino al centro que ya lo veíamos desde el aparcamiento. Al llegar a la puerta vimos que había que subir unas escaleras, aún no sabía que al final de esas escaleras sería el principio de la mejor aventura de mi vida. Y allí estaban esperándonos Andy, Félix y Sebas recibiéndonos como si nos conocieran de toda la vida. La primera y obligada pregunta que nos hicieron… ¿Estáis nerviosos? ¿Venís con ganas? »No estoy nerviosa pero si traigo muchas ganas». »¡Mentirosa! Ganas sí, ¿pero cómo le dices que no estás nerviosa si te tiemblan hasta las pestañas?»
Después de enseñarnos el centro, que tenía un rollito digno a su nombre » Pura Vida» y transmitía muy buena energía al igual que toda la isla, pasamos a la zona de la terraza para explicarnos la parte de teoría que necesitábamos y a hablar de como iba a ser nuestro día de buceo. Al terminar, fuimos a probarnos el equipo. Sí, llegó el momento. No hacía otra cosa que repetirme una y otra vez… ¡Maldito neopreno! ¡Entra! Y así fue, lo conseguí 🙌🎉. Ya estamos preparados para irnos a la playa.


Llegamos a la playa de Flamingo. Una playa muy pequeñita pero con tanto encanto que ha llegado a ser una de mis preferidas, supongo que por todas las cosas que he vivido ahí durante todos estos meses. Félix, nuestro instructor de ese día, nos ayudó a colocarnos el resto del equipo (por cierto, todo muy cómodo y ligero) y nos fuimos directos al agua. Ahí estábamos ya, dentro del agua esperando a que empezaran las primeras explicaciones. El estómago se me había subido a la garganta. Los nervios eran la principal razón pero el chaleco inflado tampoco ayudaba a que el estomago volviese a su sitio.
Comenzamos con las explicaciones y ejercicios antes de sumergirnos para familiarizarnos con el equipo:
- Empezamos probando a respirar por el regulador, «vale bien, Saray concentrate. Es una sensación rara pero superable».
- Con el regulador puesto y sin máscara teníamos que meter la cabeza en el agua, uuff eso ya me gustó menos. ¡Pero que necesidad de meter la cabeza sin máscara hombre!
- Ahora el mismo ejercicio pero con la máscara puesta. Así si, mucho más fácil.
Antes de sumergirnos, hablamos de los siguientes ejercicios que íbamos a hacer, las señales para entendernos ahí abajo y las indicaciones que nos iría dando. Lo confieso, cuando terminó de decirnos los ejercicios que íbamos a hacer ahí abajo pensé…está loco.
- Bajamos a 2 metros y nos colocamos de rodillas. Parece fácil pero esas aletas no había manera de controlarlas. Esto sí que fue con aletas y a lo loco. No era capaz de hacer ese sencillo gesto de doblar las piernas, esas aletas eran incontrolables. Y os preguntareis, ¿lo conseguiste? Sí sí, lo conseguí pero gracias a la bendita paciencia de Félix.
- Siguiente ejercicio. Vamos a quitarnos el regulador de la boca. ¿Qué? ¿Lo estás diciendo enserio? Lo que me suponía, ¡este muchacho se ha vuelto loco de verdad! Aunque después de hacerlo no fue tanto como parecía .
- Último ejercicio. Vamos a meter un poco de agua en la máscara para aprender como quitarla. Bueno, pensé: si he superado lo del regulador esto no debe de ser gran cosa tampoco. ¡Já! La que te esperaba Félix. Meto un poco de agua en la máscara, intento hacer el ejercicio de vaciado como nos había explicado y ¡bingo! Agua por la nariz y entré en pánico. «Venga Saray tranquilízate si sólo es un poco de agua», aunque en ese momento pensaba que me había tragado toda el agua de Flamingo. No hacía más que pensar…quiero subir, no quiero estar aquí abajo.
Así que volvimos a la superficie…
Vaya ataque de ansiedad que tenía. Yo seguía pensando que había dejado la playa sin agua y me la había tragado toda. «¡Pero no me puede pasar esto! Con las ganas que tenía de bucear. Respira, respira, intenta tranquilizarte que no puede terminar todo aquí por un ejercicio con la máscara».
Aunque dije antes algo de que este muchacho se había vuelto loco o algo así…(no lo recuerdo bien 😂) me dijo lo que necesitaba escuchar en esos momentos de pánico:
«Si has venido con tantas ganas de bucear, no dejes que un ejercicio con la máscara haga que eche a perder tu día. Todo está en tu cabeza. En el momento que rompas ese bloqueo vas a empezar a disfrutar. Tómate el tiempo que necesites, yo tengo todo el día…»
Así era. Otra vez mi cabeza jugándome malas pasadas. Aunque aquí vosotros lo habéis leído en unos segundos, fueron 20 largos minutos, hasta que me volví a decidir que quería volver a intentarlo pero con una condición… «Félix no me vuelvas a hacer que repita el ejercicio de la máscara y dame la mano, ¡No me vayas a soltar!». Jajajaja. ¡Vaya día le dí al pobre!
Parece una tontería entrar en pánico por un poco de agua pero en ese instante te parece lo peor que te ha pasado nunca. Cada día me alegro más de haber podido superar ese momento porque todo lo que vino después fue lo mas maravilloso que he vivido nunca. Así que volvimos a sumergirnos y fuimos avanzando un poco por el fondo. Llevábamos pocos metros y ya empezamos a ver peces y más peces por todos lados, nada que envidiar a los documentales de National Geographic. Esto era mil veces mejor que todo lo que pude imaginar. Me encontraba en el mejor sitio del mundo y mis miedos habían ido desapareciendo en cada metro que avanzábamos.
Llegó la segunda inmersión, ahora más tranquila y ¡con ganas de más! Volvimos a sumergirnos en Flamingo. Que maravilla, no parecía que escondiese tanta vida marina, me estoy enamorando de esta sensación. Escuchar tu respiración, no pensar en nada más que el aquí y ahora conmigo misma. Todos los problemas se quedaron arriba, aquí solo importa seguir avanzando y disfrutar. Disfrutar del ambiente de paz, de las preciosas vistas y la sensación de ingravidez. ¡Es lo más parecido a volar! Sí, aquí esta mi comparación del buceo con volar…como si hubiese volado muchas veces jejeje pero si puedo imaginar que algo hay que se le parezca, esa es la sensación que produce el buceo.
Aquí seguía con ese diálogo conmigo misma hasta que veo que Félix nos hace una señal, ese momento que siempre había soñado. «¡Tiburón! ¿Tiburón?» «¿Dónde, dónde?» Estaba tan emocionada que no sabía ni donde tenía que mirar, hasta que por fin lo ví, ¡mi animal favorito del mundo, un tiburón! Ahí estaba, un tiburón angelote típico de Lanzarote, medio enterrado pero con su buen metro y medio de largo y se podía apreciar toda su silueta. No podía estar más contenta, son los pequeños momentos que recordaré toda la vida y seguiré emocionándome, pero ya teníamos que volver a la superficie. «¿Tan pronto? ¡Quiero más!» Esto se acaba muy rápido.
Pero aquí no acababa todo, aún nos quedaba la tercera inmersión y la más esperada. ¡El Museo Atlántico! Esta inmersión iba a ser distinta a las anteriores, la entrada al museo se hacía en barco. «¿En barco Félix? Si casi no se entrar por la playa». Pues sí, en barco nos montaron. Allí íbamos con Alba, Félix y Santi, los tres guías que iban con nosotros, una pareja francesa con 113 inmersiones, otra pareja que llevaban como 60 inmersiones y nosotros…con solo 2 inmersiones p’al cuerpo. ¡Qué bien! No vamos a desentonar. Ya teníamos todo el equipo preparado para tirarnos del barco y allí estaba yo, en posición para tirarme del barco. 1,2,3…¡tírate! 1,2,3…¡Venga tírate! Conseguido y sin ahogarme en el intento. Cuando todos estábamos listos era el momento de comenzar la inmersión. Empezamos a bajar por una cuerda que nos llevaría a la entrada del museo.

No tengo palabras para lo que estaban viendo mis ojos. Esculturas por todos lados, 300 esculturas para ser exactos. No creáis que las fui contando. Antes de bajarnos del barco ya nos habían hablado de la historia del museo y lo que nos íbamos a encontrar. Era todo tan bonito y espectacular que no podía dejar de mirar para todos lados. De esta inmersión ya hablaremos más adelante porque tiene una merecidísima entrada en el blog. Aquí os adelanto un poco con esta primera y maravillosa foto que Santi se ofreció a hacer con nuestra cámara.


Al volver al barco, no podía dejar de expresar toda mi emoción. ¡Lo había conseguido! Había sido capaz de hacer tres inmersiones sin ahogarme ni ahogar a nadie en el intento y había sido la mejor experiencia que había tenido nunca.
Al terminar el día ya sabía que quería más y que no iba a ser la última vez que iba a bucear en Lanzarote. Por eso, al despedirme de Félix no pude evitar darle las gracias por la paciencia y lo bien que me había tratado durante todo el día pero quería que supiese una cosa…
«Voy a volver pronto, quiero hacer el curso open water y quiero que me lo des tú».
Aunque ahora fuese él el que pensara que la que estaba loca era yo jaja.
Los días siguientes seguimos visitando Lanzarote y sus encantos. Cada kilómetro que hacíamos nos sorprendía más. ¡Que isla más bonita! En esos días, no pude parar de hablar del día que buceamos y de la fecha para volver.
Estas bonitas vacaciones se están acabando. No quiero que acaben nunca, no quiero olvidar esas bonitas sensaciones que he tenido estos días. Sensaciones que me ha producido el buceo y esta isla. Todo estaba apunto de quedarse en el recuerdo, ya estábamos en el aeropuerto. Me negaba a volver a Madrid y que todo quedase en el intento.
No sé si fueron las pocas ganas de volver a la rutina, el no querer que se quedase todo en una simple experiencia o que todavía me quedaba algo de nitrógeno en el cuerpo… Que tuve el impulso de comprar los billetes de vuelta a Lanzarote para Enero de 2019 justo antes de embarcar. Sabía que tenía que volver y si ya tenía los billetes no había marcha atrás.
Como os dije antes, así salen los mejores planes, rápido y sin pensarlo mucho. Aquí comienza la aventura, no podéis perderos los siguientes pasos de #mibonitagranexperiencia con aletas y a lo loco.

