Cuando crees que nada puede ir mejor, llega Marzo y ahí me encuentro otra vez, con una mochila pequeña y volviendo a Lanzarote. Serán solo unos días pero necesito estas escapadas cada vez más. «Esto de visitar tanto mi isla bonita… me está gustando demasiado y creo que me puedo acostumbrar a ello».
Marzo, 11 de marzo para ser exactos. Eran como las 23:30 de la noche, acababa de llegar a Lanzarote y esta vez viajaba sola.
Me desperté muy temprano al día siguiente, ¡no quería llegar tarde! Estaba tan nerviosa por llegar que me temblaban hasta las piernas y no podía andar más deprisa. Esta vez iba andando cerca de la playa. Que maravilla y yo que no hago más que andar por el metro de Madrid o por la calle con los coches pitando todo el rato y sufriendo la contaminación. ¡Cómo echo de menos la playa y respirar este olor a mar!
Por tercera vez en pocos meses, me encuentro otra vez subiendo esas escaleras de Pura Vida. Esto me resulta ya muy familiar, es cruzar esa puerta y sentirme como en casa. «Hombre no es para menos, en seis meses es la tercera vez que vengo. Podría hacerme residente ya». Félix, Raúl y Santi estaban esa mañana allí, «¿no tenéis la sensación de que hace 2 días que nos vimos?» Casi era cierto, esta vez había pasado solo un mes desde mi última vez en la isla.
¡Qué empiece mi avanzado! Raúl me dará la parte teórica y haré las 5 inmersiones con Santi. Flotabilidad perfecta, buceo profundo, orientación, fotografía e identificación de peces. Se nota como disfruta Raúl dando las explicaciones. Creo que sabe transmitir a cada persona lo que necesita por toda la experiencia que tiene. » Pero han sido cinco temas Raúl, creo que ya me va tocando algo de playa».
¡Es hora de irnos al agua!
«¡Hola Flamingo, aquí estoy de nuevo! Que de recuerdos me trae esta playa, aún sigo notando el sabor del agua que tragué. Pero venga concéntrate que empiezan las primeras explicaciones».
La primera inmersión será para la práctica de flotabilidad perfecta, «espero poder flotar por lo menos, lo de perfecta ya lo veremos». Todo va a consistir en intentar mantener una posición horizontal sin tocar el fondo o al menos intentarlo porque ya os digo que Santi no me lo iba a poner fácil. También he de decir que yo le dije que me pusiera a prueba. «Esto solo se te ocurre a ti Saray, ¿no tragaste suficiente agua el mes pasado verdad?»
- Santi empezó a poner plomos por el fondo con la intención de que fuese recogiéndolos y eso haría que mi flotabilidad cambiase. Tendría que ir regulando el aire del chaleco según el peso que fuese cogiendo. «Vale, parece que lo he entendido».
- Primer plomo, «¡Bien lo cogí! ¿Y el chaleco Saray? Porque acabas de tocar fondo. Venga que es muy fácil, plomo-chaleco».
- Ahora que parece que vuelvo a tener flotabilidad neutra, vamos a por el otro plomo. «Muy bien Saray , ahora si lo has pillado. Venga a por el siguiente»
- Teniendo cuatro plomos en la mano y mirando el quinto plomo que tenía que coger, miré a Santi con cara de «sólo tengo dos manos y con una tengo que darle al chaleco» Y como era de esperar él me dijo «si, tienes que cogerlo». «¿Pero cuántas manos me ves muchacho? jeje.
- «Ahora suéltalos todos». «¡Uuff que alivio! ¿Pero no te olvidas de algo? ¡El chaleco Saray que te vas hacia arriba!»
Empezamos a avanzar por Flamingo, ya se empiezan a ver peces por todos lados. «Qué sensaciones más bonitas vuelvo a notar, creo que no me estoy equivocando para nada con esta decisión.» Santi me acaba de avisar que hay un centollo pequeñito en una de las rocas. «¡Ay, míralo ahí está!» Coge mi dedo y lo acerca a la pinza del centollo. «¿De verdad crees que voy a dejar que metas mi dedo ahí? ¡Acerca el dedo tu guapito!» Me parece que las inmersiones con Santi van a ser muy divertidas 😉.
Comencemos la segunda inmersión, ahora trabajaremos la orientación. «Madre mía, creo que esto va a ser muy entretenido». Habíamos estado viendo fuera como manejar la brújula. Si me había costado entenderlo arriba imaginaros como sería ahí abajo.
- Santi volvió a poner plomos por el fondo, esta vez tendría que encontrar el plomo con ayuda de la brújula y luego cogerlo. «Sí, flotabilidad y orientación a la vez. Esto se va poniendo interesante».
- Bueno parece que no va tan mal, lo hago lento pero no se me está escapando ningún plomo.
- «Venga volvemos a repetirlo en distintas posiciones y con distintos rumbos» Esto está siendo muy entretenido, tengo la cabeza al 100% concentrada en la brújula pero no por mucho tiempo. De repente, veo algo que se mueve delante de mí. «¡Un chucho negro!» (es una especie de raya redonda). Con la emoción solté los plomos y pasé de la brújula, solo sabía dar aleteos de alegría. «Lo siento Santi, creo que he vuelto a perder la orientación».
- Pero esto no iba a acabar aquí, ahora era yo la que tenía que poner rumbo a la playa. Esa era mi intención. «¿Pero te vale cualquier playa? Porque no se si llegaremos a Flamingo». Coloco la brújula y voy decidida en la dirección que creía que era la correcta pero lo que iba viendo no me iba sonando demasiado. Estaba viendo unas piedras del espigón de Flamingo que no eran las mismas por la que habíamos pasado antes. Sabía que detrás de esas piedras estaba la playa pero no tenía ni idea como llegar. «Creo que es el momento de que guíes tu otra vez Santi porque lo único que puedo hacer en este momento es coger un pico, una pala y ponerme a picar piedra para llegar a la playa».
Aquí acababa mi primer día de curso, me iba a dormir con muy buenas sensaciones. No había salido todo perfecto pero sabía que con dedicación y un poco más de trabajo lo iba a conseguir.
Llegó el segundo día de inmersiones, tenemos hoy tres inmersiones por delante en otro sitio distinto. «Flamingo me gustas mucho pero quiero conocer otros sitios. Creo que cada lugar nuevo que conozco me enamora más. ¿Qué tienes Lanzarote que me tienes enganchada?» Acabamos de llegar a playa Chica, en Puerto del Carmen. Aquí vamos a hacer buceo profundo en la inmersión de «La Catedral» y luego en la zona del «Muellito» haremos fotografía e identificación de peces.
Ya estamos preparados para la inmersión profunda, vamos en dirección a «La Catedral». Ya me había explicado lo que iríamos viendo pero es que era todo más impresionante de lo que había pensado. Una pared de coral naranja impresionante, no podía parar de mirarla. Con linterna en la mano y¡ sin poder quitar ojo de esa preciosidad! Y de repente, en uno de los huecos que tenía esa inmensa pared, «¡Un mero! ¡Es enorme!» «Sí, me asuste al verlo porque no me lo esperaba ahí tan bien escondido» Pero estaba emocionada por todo lo que estaba viendo.
Seguimos bajando y llegamos a una especie de cueva muy grande donde entramos «¡Qué maravilla!» Flipaba con cada metro que avanzábamos, «este es el tipo de cosas que necesito todos los días. Estoy cada vez más segura de ello». Miré mi ordenador y…»28,7 metros de profundidad, ¡esto es una pasada!» Así me encontraba yo, con mi diálogo interno hasta que Santi me dijo que marcara el rumbo de salida de la cueva, pero como era de esperar, dentro de mi rumbo siempre había una pared en medio. «Santi vuelve a guíar tu o vuelvo a sacar el pico y la pala, tu verás».
Al salir de ahí, ya era la hora de volver. Volvía con muchísima ilusión por lo bonita que había sido esta inmersión. Aunque sabía que las sorpresas no terminarían tan rápido. Santi me señaló el fondo. » ¡Era una mantelina!» Otra especie de manta pero aún más bonita 😍. Estaba medio enterrada y ahí nos quedamos los dos observándola pero se dio cuenta de que estábamos cerca, así que se levantó delante nuestra y se fue nadando. » ¿Pero que momento es este?» Estoy sin palabras por lo que acabo de vivir, una mantelina a un escaso metro nadando delante mía. Estas maravillas sólo se pueden vivir aquí abajo y no pienso parar de hacerlo.
Pero ya era hora de subir, aunque había una última cosa que hacer. Me estuvo enseñando a utilizar la boya. ¡Esto está siendo muy productivo!

En la siguiente inmersión, nos quedamos por la zona del muellito. Una zona a poco metros de profundidad pero con un montón de cosas interesantes para fotografiar. También entraríamos en una cueva pequeñita «Los Jameos». Va a tener muy buena pinta esto también.
En la entrada de la cueva estaba un poco nerviosa porque sabía que era más estrecha que la de la última inmersión y tenía que mantener muy bien la flotabilidad. «Venga que tu puedes. Tranquila, entra y disfruta que esto es una preciosidad». Santi me dijo que hiciese una foto de la entrada de la cueva desde dentro y «¡oh,oh! ¡Adiós flotabilidad!» Intentaba recuperarla pero no era tan fácil, no paraba de aletear y de chocar con todo. «Con aletas y a lo loco, habéis vuelto a acertar», hasta que por fin volví a tranquilizarme y conseguí mantenerme. «No me mires así Santi, ¿quién te manda meterme en una cueva tan estrecha? jaja. Ahora sí, ¡conseguido! Aquí podéis ver lo que yo estaba viendo en esos momentos.

Fue un momento de felicidad después de todo lo que había liado dentro hacía unos segundos.
Desde ese momento, ya no podía parar de hacer fotos, fijarme en los peces y todo lo que nos íbamos encontrando por el camino.



Me sentía cada vez más cómoda y con más seguridad conmigo misma, con el equipo y con todo lo que me rodeaba. Aquí soy feliz, no puedo negarlo.



Llegó el momento de volver a la superficie, ¡que felicidad llevo en el cuerpo! Miré a Santi y… » vas a quitarte la máscara y el regulador.» » Ya sabía que esto estaba siendo muy bonito pero, ¿que es una inmersión sin tragar un poco de agua? Además, la de playa chica todavía no la había probado 😂.
Última inmersión, esto se acaba muy rápido. Estábamos listos para sumergirnos y Santi me comentó:
» Es tu última inmersión, lo estás haciendo muy bien. Vamos a aprovecharla y disfruta»
De eso no había duda. Iba a aprovechar esta inmersión al máximo porque quería irme con las mejores sensaciones posibles.
Nos quedamos en la misma zona de antes haciendo fotos e identificando todo lo que se nos cruzaba por delante. » ¡Y oye! Las fotos cada vez salían menos borrosas.»

Creo que Santi me vio tan relajada que pensó que era buen momento para volver a quitarme el regulador y el equipo, » ¡todo un detalle por tu parte! » Pero era una realidad, estaba tan cómoda que fue todo más fácil que el día anterior.


Aquí lo tenéis, ¡como toda una experta!
»Bueno tampoco te flipes Saray, al menos no tragaste tanta agua y Santi no tuvo que sacar tu equipo del agua’ ‘
Después de este subidón por conseguir todo esto en solo dos días, llegó el momento que no quería… Teníamos que volver, ¡tan pronto no! Pero es que hemos aprovechado tanto el tiempo que pasan los minutos volando. Justo antes de salir nos acercamos a una roca donde había un pez pejeverde muy colorido y llamativo. Santi consiguió hacerme esta preciosisisima foto antes de subir.

¡Vaya regalazo Santi! Se ha convertido en mi foto preferida! 😍
Y ahora sí, todo termina pero solo termina por esta vez porque después de estas cinco inmersiones sé que voy a necesitar más. Quiero más burbujas, más aleteos y buceos. ¡Necesito bucear!
» Gracias Santi, has conseguido sacar lo mejor de mí y sobre todo transmitirme tu pasión por el buceo y las ganas de comerte el mundo».

No sé en qué acabará todo esto pero si sé que me quiero dejar llevar. Creo que todo apunta a que Lanzarote es un buen destino para empezar…

















